Uruguay, abril de 1995. El viento en la playa El Pinar remueve la arena de sus dunas hasta descubrir un esqueleto humano enterrado ahí hace algún tiempo, tiene heridas de bala en el cráneo, son los restos de Eugenio Berríos.
A 30 años de su asesinato, varios microcassettes con audios que el mismo Berríos grababa de su entorno ponen la base para reconstruir la biografía de este complejo personaje, quien une la esencia de un “científico loco” con la de un psicópata serial antimarxista.
Su carrera parte a fines de los 60, estudia química en la Universidad de Concepción y prontamente se convierte a la extrema derecha participando en violentas acciones. Al llegar a Santiago, Eugenio Berríos participó en la fundación del grupo fascista Patria y Libertad convirtiéndose en un miembro activo. Tras el golpe de Estado de 1973 se transforma en el “Químico de la DINA” (La policía secreta de Pinochet) y en la mano derecha del sicario político Michael Townley. Desarrolla gas sarín para la dictadura, el que se usó para eliminar a enemigos políticos, así como también voces inoportunas dentro de la misma DINA.
En los años 80 la vida de Berríos se descontrola, su adicción a la cocaína revienta y se hace parte de varias redes de narcotráfico como “cocinero”, produciendo también cocaína para el ejército chileno como para sí mismo. El químico cae en una vida nocturna desenfrenada, un espiral descendente lleno de fiesta y decadencia.
En 1990 la democracia vuelve a Chile tras 17 años de dictadura. La impunidad empieza a difuminarse. Eugenio Berríos se convierte en un personaje acorralado. Lo buscan prestamistas ilegales para que pague sus deudas por sus negocios fracasados, lo buscan los bancos por decenas de cheques protestados y lo busca la justicia chilena por su rol en la dictadura, está implicado en una lista de asesinatos que crece día a día.
Berríos entonces busca socorro en la única entidad que lo acogió alguna vez, el ejército chileno. Es escondido en Uruguay socorrido por el ejército de ese país, ahí rápidamente pasa de protegido a secuestrado y luego de secuestrado a ejecutado en una playa en medio de la noche. Berríos era el hombre que sabía demasiado y que no sabía callarse; nos sigue hablando hoy desde las delirantes grabaciones de audio que hizo en sus últimos años de vida.